Notes From a Recent Planning Session
La semana pasada nos sentamos con tres diseñadoras de la Cooperativa Textil del Norte para revisar la colección de invierno. El objetivo era claro: definir qué prendas pasan al muestrario final y cuáles quedan fuera por falta de trazabilidad en los insumos.
Revisamos muestras de lana de oveja teñida con corteza de nogal, algodón orgánico de Chaco y botones de tagua traídos de Ecuador. Cada material fue evaluado según tres criterios: origen conocido, impacto hídrico estimado y posibilidad de reparación local. De las 18 piezas propuestas, solo 12 cumplieron con los tres filtros.
La discusión más larga giró en torno a un tapado de lana reciclada. La tela venía de un lote recuperado en un taller de Avellaneda, pero el hilo de coser era poliéster convencional sin certificación. Decidimos posponer esa prenda hasta encontrar un proveedor de hilo de algodón orgánico que pueda igualar la resistencia necesaria.
Al final de la sesión, armamos un cronograma de visitas a dos tejedoras de Molinos que trabajan con tintes de añil y chilca. La idea es documentar el proceso completo y publicar un reportaje visual en la próxima edición. También acordamos contactar a un taller de costura de La Boca que ofrece reparaciones con retazos de la misma tela, algo que nuestras lectoras piden con frecuencia.
Lo más valioso de la reunión fue escuchar a las diseñadoras hablar de sus limitaciones reales: el costo del transporte de fibras orgánicas desde el interior, la dificultad de encontrar tintes naturales estables y la necesidad de educar al cliente sobre el cuidado de prendas teñidas a mano. Son problemas concretos, no abstractos, y de eso se trata esta revista: de mostrar lo que implica vestir con propósito.